Crianza

La gripe en los niños

25 Octubre, 2015

El virus de la gripe es uno de los agentes etiológicos más relevantes de enfermedad respiratoria en los niños. Si bien en pediatría la frecuencia del virus de influenza es superada por la de otros virus respiratorios (Virus Sincicial Respiratorio, Adenovirus, etc.), durante los períodos epidémicos las infecciones causadas por el virus de influenza exceden a las demás. En los niños, las tasas de ataque son tres a cuatro veces mayores que en los adultos (40% versus 10-20% respectivamente). Por otro lado, las epidemias de influenza A y B se mantienen en la comunidad debido a estas altas tasas de infección en los niños en edad escolar y preescolar.

Las manifestaciones clínicas en los niños pueden ser variadas, y dependen de la edad. Por ejemplo, en los neonatos la infección por influenza puede asemejarse a un cuadro clínico de sepsis bacteriana, en los lactantes y preescolares a una enfermedad febril indiferenciada, y recién en los mayores de cinco años, al igual que en los adultos, el cuadro es característico: fiebre con escalofríos, cefaleas, dolores musculares, postración, decaimiento y tos.

Las complicaciones relacionadas con el virus de influenza en pediatría son similares a las que se producen en los adultos. Las más frecuentes son las bacterianas: otitis media aguda (40% de los casos) y sinusitis aguda. El compromiso pulmonar también forma parte de las complicaciones bacterianas relacionadas con la gripe o, la más temida, la neumonía viral progresiva. La mayor parte de estas complicaciones son producidas porStreptococcus pneumoniae.

Otras complicaciones que suelen producirse son las musculares, neurológicas y cardiovasculares. La miositis aguda se produce durante la convalecencia de la enfermedad y afecta principalmente a los músculos de los miembros inferiores. Entre las neurológicas, el síndrome de Reyé se caracteriza por una degeneración grasa del hígado asociada a edema cerebral. Este cuadro ha sido relacionado directamente con la infección por virus de influenza y varicela, principalmente cuando se utilizan salicilatos como tratamiento sintomático de la enfermedad, razón por la cual se desaconseja su uso en caso de sospecha de enfermedades virales. Otras complicaciones neurológicas son la encefalitis y la mielitis transversa.

Las complicaciones en los niños sin factores de riesgo (enfermedad pulmonar o cardiovascular crónica, etc.) son poco frecuentes, aunque aproximadamente el 1% de los niños sanos requiere internación por esta enfermedad viral. Estas tasas son mayores en los neonatos y en niños con drepanocitosis, displasia broncopulmonar, fibrosis quística, diabetes, y enfermedades malignas.
En lo referente a la mortalidad relacionada con esta infección, la tasa en los niños es de 2,7 por cada 100.000 casos, mientras que en los mayores de 65 años es de 70 por 100.000 casos.
Dentro de las medidas de prevención, la más eficaz es la vacunación. Las vacunas se producen a partir de virus cultivados, los que posteriormente son inactivados. Habitualmente, las vacunas contienen tres cepas virales, dos del tipo A y una del tipo B. El impacto de la inmunización antigripal en la disminución de las infecciones respiratorias agudas en pediatría no es bien mensurable a través de las evidencias clínicas, comparado con los adultos, ya que las enfermedades con características de cuadros gripales en los niños también son causadas por otros virus respiratorios. La protección de las vacunas inactivadas en sujetos sanos varía entre el 70 y el 80%, y la duración de la protección es habitualmente de un año. La eficacia no ha sido evaluada en lactantes menores de 6 meses.

Existen situaciones especiales en relación con la inmunogenicidad, entre ellas:

Niños inmunosuprimidos. En este tipo de huéspedes, la respuesta inmune es menor y está relacionada directamente con el grado de inmunosupresión producida por la quimioterapia, razón por la cual el momento óptimo para la vacunación es tres a cuatro semanas posteriores al tratamiento. Los niños que no reciben quimioterapia tienen una tasa de seroconversión comparable a la de los individuos sanos.

Niños que reciben tratamiento con corticoides. En este grupo de pacientes es importante diferenciar a los que reciben dosis bajas o intermitentes, o tratamientos durante períodos cortos, de los que reciben corticoides en dosis altas. En el primer grupo habitualmente la tasa de seroconversión no se encuentra alterada en comparación con los individuos sanos, pero esto sí ocurre en el segundo grupo, particularmente en los que nunca fueron vacunados.

Las recomendaciones para la protección contra el virus de influenza están dirigidas fundamentalmente a niños mayores de 6 meses con factores de riesgo de complicación frente a la infección por influenza. Dentro de este grupo se encuentran los pacientes con las siguientes enfermedades de base o asociadas:
• Enfermedad pulmonar crónica, incluidos los pacientes asmáticos.
• Enfermedad cardíaca con compromiso hemodinámico (incluidas cardiopatías congénitas).
• Anemia de células falciformes u otra hemoglobinopatía.
• Enfermedades que requieren terapia prolongada con aspirina, por ejemplo artritis reumatoidea juvenil. Estos niños tienen mayor riesgo de síndrome de Reyé asociado a infección por influenza y uso de salicilatos.
• Pacientes inmunocomprometidos, incluidos los HIV positivos.
• Otras personas con riesgo de padecer complicaciones son los diabéticos, enfermos renales crónicos, los que padecen enfermedades metabólicas crónicas, y las mujeres embarazadas (ver vacunas en la embarazada).
Por último, es importante remarcar que todas las personas que tengan contacto cercano con pacientes de alto riesgo deben estar protegidas, entre ellas el personal de la salud que los atiende, y los que conviven con ellos.
Las dosis recomendadas en pediatría se muestran en la Tabla 8.
Vacuna antigripal. Esquema de vacunación

Edad: 6-35 meses. Dosis: 0,25. Nº de dosis: 1-2*
Edad: >3 años. Dosis:0,5. Nº de dosis:1

* Para niños que no recibieron dosis anteriores, se recomiendan dos dosis con un intervalo de un mes.

Los pacientes de alto riesgo deben recibir dos dosis con un intervalo de un mes la primera vez que se vacunen, ya que la seroconversión es menor si la primera vez se administra una sola dosis. Los años posteriores, una dosis es suficiente para obtener tasas de seroconversión adecuadas.
En la actualidad, los refuerzos deben estar dirigidos a inmunizar a los pacientes pediátricos de alto riesgo, para evitar complicaciones.

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